Waterloo, espacio catedral, majestuosa inmensidad donde la gente llega para irse.


Palabras e ilustraciones Andrew Johnston Davies*

Traducción al español: Adelaida Monguillot
Edición impresa ‘Destino’

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De niño, esto era Londres. Hoy es el lugar en el que, día tras día, las cintas transportadoras me depositan, mientras a mi alrededor los viajeros se apresuran o de pie esperan desde rutinas cronometradas, controladas por los acelerados minutos que dirigen nuestras vidas, que nos empujan unos a otros sin solicitar ni familiaridades ni rituales. Está el puesto del Evening Standard, está la tienda de tarjetas, están las inclinadas escaleras mecánicas y aquí está la multitud atestada… programada como yo… bajando la cabeza… no hay tiempo para detenerse.

Estos viajes se fijan como sedimento sobre el fondo oceánico, solidificándose con el tiempo en moldes que nos dan forma, hasta que un día uno se olvida de lo que fue alguna vez. ¿Qué era lo que quería? Cuando era niño… ¿qué esperaba? ¿Era esto? 

Los días de pleno invierno me juegan una mala pasada y dibujan líneas en mi cara, tiran y aflojan mi piel y mi alma.

Hoy he llegado a Waterloo lo suficientemente temprano como para abrir una pequeña grieta en el tiempo. Me elevo hacia los dioses en el balcón del café y desde allí miro las hordas que se arremolinan debajo, detenidas como limaduras de hierro alineadas por el magnetismo de los paneles de información. De vez en cuando, una pequeña manada se libera y corre hacia las puertas donde la aglomeración se filtra en una sola fila y se dirige a través de las plataformas a los trenes. Hay un movimiento inquieto -el sonido de los humanos- como una cobertura negra de murciélagos. Un anciano se mueve más lentamente que los demás, apoyándose en su soporte con ruedas. Los altavoces lanzan la noticia de que pronto algún tren irá hacia algún lugar. Un cable de electricidad cuelga del techo y su punta termina en un nudo. Se balancea suavemente impulsado por las vibraciones de trenes, generadores y pasos. El latido de la ciudad, lento y tranquilo, marca nuestro tiempo.

*Andrew Johnston Davies (Inglaterra) es Psiquiatra y trabaja en Londres.

Adelaida Monguillot (Argentina). Vive en Londres y es guitarrista del trío @3argentinas