Una caverna de tierra en el Barbican Centre, el corazón brutalista de Londres.

Origo es una instalación de la artista colombiana Delcy Morelos en el Barbican Centre de Londres. Una estructura monumental de tierra, arcilla y especias que transforma un patio del complejo brutalista en una experiencia sensorial inmersiva.

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Por Ariel Beramendi

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El verano es siempre un buen pretexto para encontrarse con un amigo al final de la tarde y el Barbican, un buen lugar para esconderse de la frenética ciudad cosmopolita. Origo se nos presenta como una instalación monumental al aire abierto, una circunferencia de tierra de veinticuatro metros de ancho y de casi dos metros de alto.

Fue fácil encontrarla, el espacio estaba rodeado de apartamentos y no había transeúntes porque la multitud estaba disfrutando de otras zonas más cercanas al bar. La miré de lejos, escéptico porque no entendía el concepto de haber puesto, con tanta publicidad, una rosca de tierra en medio de un patio. La primera reacción fue preguntarme como un sevillano: ¿y esto que eee’?

Atardecía y el enorme patio estaba casi vacío. En la entrada a la instalación la encargada de la recepción me explicó la obra de Delcy Morelos, una artista colombiana contemporánea, cuya estructura estaba hecha de tierra, arcilla y especias aromáticas indicándome que tuviera cuidado al entrar para que la ropa no se ensuciara con las raíces de los túneles.

Fotos Barbican Centre

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Con esa información me acerqué al círculo de tierra, un muro alto que impedía ver qué o quién estaba dentro. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad del pequeño túnel mientras sentía un olor a aceite de coco y canela. En ese instante claro-oscuro percibí que, el interior del círculo de tierra era una pequeña caverna con raíces colgantes desde el techo y esparcidas por los muros internos.

Dos pasos adelante, guiado por la luz entré dentro de la circunferencia, encontré a dos jóvenes que se tomaban fotos.

La obra de Delcy Morelos es una experiencia sensorial que tiene el poder de evocar recuerdos del pasado, en mi caso de esos años de boy scout cuando lo que importaba era explorar el mundo natural que me rodeaba.

La artista había recreado una máquina del tiempo y del espacio, porque esas sensaciones de tierra, arcilla y especias evocaban pies descalzos caminando sobre la tierra mojada por la lluvia y absorbida por las raíces de los árboles. Pero, a la vez, ese círculo se alzaba en medio de torres de cemento y apartamentos brutalistas, una paradoja de la ciudad acogiendo un poco de tierra que tal vez representaba la vida original.

La visita fue breve pero provocó una ráfaga de emociones personales. Delcy Morelos llamó a su obra “origo”, que, en latín significa “comienzo”, pero para mí esta instalación tendrá el nombre de “volver”.

Ariel Beramendi