Con un fuerte énfasis en las actividades participativas, de intercambio y el encuentro entre artistas y público, se llevó a cabo la Primera edición de la Bienal de Historieta en Buenos Aires.

En unos cuantos trazos y con la energía del blanco y negro que dice mucho con poco, las viñetas y cuadros de distinto tamaño invitaron a descubrir y explorar en la Casa de la Cultura en el centro porteño.

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Escribe: Graciela Melitsko

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La Primera edición de la Bienal de Historieta se realizó en el antiguo edificio del periódico La Prensa, hoy la Casa de la Cultura de Buenos Aires, una casa perfecta para este evento que contó con múltiples actividades que se desarrollaron simultáneamente en distintos espacios. 

Ubicada a una cuadra de la Plaza de Mayo, en el corazón histórico de la ciudad antigua, la entrada de carruajes del edificio se transformó en un túnel del tiempo contando la historia de la historieta en la Argentina desde las publicaciones satíricas de El Mosquito, fundado en 1863, pasando por Patoruzú hasta El Loco Chávez. También se presentaron nuevas versiones de personajes muy queridos, como Mafalda, SuperHijitus y Clemente, realizadas por artistas en el proceso de preparación previo a la Bienal, y que nos tele transportaron a nuestra infancia y adolescencia. 

En el actualísimo despiporre que estamos atravesando, entre sofocones y vahídos, cabe alejarse momentáneamente de la historia y refugiarse en la historieta”, expresó desde Italia el reconocido artista multipremiado José Muñoz (Alan Sinner, El bar de Joe, Tango y Milonga, entre otros), padrino del encuentro por videoconferencia. Aunque no pudo asistir a la inauguración, Muñoz fue el centro de la muestra con su obra Destellos, estableciendo la pauta, el estilo y la atmósfera de gran parte de la exposición en los subsuelos de la Casa de la Cultura de Buenos Aires.

Fotos: BA Bienal de la Historieta

Con un fuerte énfasis en las actividades participativas, de intercambio y encuentro entre artistas y público, el clima fue muy animado, lo que muestra el interés y el cariño que esta ciudad siente por este género que forma parte del imaginario cultural argentino. La exhibición abarcó varias generaciones de historietas, lo cual se reflejó en la curaduría, centrada en artistas de diversos estilos tanto en la narrativa como en el estilo gráfico.  El evento también abrió espacios para una mirada reflexiva sobre temas relevantes para el sector en una etapa de renovación a partir de los fanzines y la auto publicación, temáticas con énfasis en la diversidad y en lo social, y nuevos formatos en digital, además de la amplificación con el sector audiovisual, como, por ejemplo, a partir de la exitosa adaptación de El Eternauta (Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López) en formato de serie.

Para Martín Ramón, director artístico de la Bienal y de la editorial y galería Espacio Moebius, “lo mejor de la Bienal fue que funcionó en dos sentidos importantes: incluir el contenido que creíamos que debía tener una bienal: debates, propuestas, aspectos académicos, mercado, industria y historieta; y también que fuera atractiva para el público en general, ya que las historietas se habían ido distanciando del público y querían volver a acercarse. Para eso, necesitábamos una propuesta visual y musical atractiva, no sólo para expertos en historietas«.

Por mi parte, llegué un poco tarde el domingo, el último día de la Bienal, después de un viaje largo.  El edificio vibraba con la energía de un público entusiasmado en un despliegue parecido al de un set de una película de acción en tiempo real. La atmósfera era envolvente y los participantes se zambullían con naturalidad. Desde la entrada, ya se anticipaba la fila de lectores esperando las firmas de sus libros. Hubo mucho dibujo en vivo en un clima relajado y cómodo en distintos espacios que combinaron el ‘living’ con el atelier. Encorvados y concentrados, sobre mesas altas, entre papeles, lápices y pinturas, ahora sí en color, los dibujantes hicieron del trazo un gesto compartido. También en color fueron las actividades de risografía, una técnica de bajo consumo energético y con tintas ecológicas en la que los participantes podían llevarse dibujos intervenidos por los artistas como regalo. Mientras tanto, en otros espacios, los dibujantes le daban voz a sus propias viñetas mientras se proyectaban en grandes pantallas y los más jóvenes posaban para selfies retratados a mano.  

Fotos: Graciela Melitsko

En las conferencias y encuentros profesionales bajo el techo del elegante y barroco Salón Dorado, se discutieron cuestiones del sector para repensar estrategias de producción y circulación con invitados internacionales de lujo de Colombia, España, Reino Unido, Francia, Italia y Japón, entre otros. Sin duda alguna, estas actividades colectivas que congregan a distintas generaciones de artistas gráficos, humoristas y a toda la cadena del cómic también ayudan a crear redes para el futuro y la consolidación de nuevas actividades internacionales. 

En los dos subsuelos se instalaron gigantografías que recorrieron una gran diversidad de temas y aventuras, en tinta y en blanco y negro, de la mano de distintos artistas como Tute, Alejandra Lunik, Mariana Ruiz Johnson, Eduardo Risso (Crack Bang Boom Rosario), Maitena (inspirada en el padrino del evento), Cacho Mandrafina, Horacio Altuna y Powerpaola, entre tantos otros.

A nivel internacional se convocó al italiano Iván Brunetti (The New Yorker, The New York Times), —que fue la única excepción en color—, así como a la chilena Maliki (Revista Brigida, Podcast La Polola) y al creador de manga Eldo Yoshimizu (Ryuko, Hen Kai Pan). En la Biblioteca Tomás Eloy Martínez se exhibieron originales de viñetas de Alberto Breccia, José Luis Salinas, Hugo Pratt, de la colección de Gustavo Ferrari.

Aunque el papel sigue predominando, la digitalización se abre paso en las nuevas tendencias y genera muchas preguntas en el sector. En lugar de las antiguas rotativas del periódico, se desplegó una sala amplia, decorada al estilo de un escenario de cómic noir, con monitores que mostraban animaciones en 8 bits de diferentes artistas, creadas por Lucía Álvarez. El recorrido se completaba con instalaciones audiovisuales e interactivas en las que el público podía intervenir y modificar las viñetas.

A futuro, el objetivo es seguir creciendo”, agregó Martín Ramón, “y lograr que cada vez más personas conozcan la historieta. Todo el material que aquí se produce es excelente y desde Espacio Moebius siempre hemos querido mostrarlo. Sin embargo, en un barrio no siempre basta para romper ciertos círculos de la población. Por ello, queremos que el evento sea cada vez más grande y atractivo para el público en general, invitar a destacados artistas y posicionarlo en la agenda internacional de eventos de historieta. Es importante aprovechar este momento, porque con el tiempo puede olvidarse. Por eso, queremos mantener viva esa llama, como en los Juegos Olímpicos, con actividades fuertes anuales y varias intermedias para seguir apoyando y promoviendo lo que ya hemos conseguido y lo que todavía queremos alcanzar”.

Graciela Melitsko