El barrio londinense de Brentford resume un capítulo de la historia de Inglaterra. A través de un fugaz paseo es posible descubrir que la historia de Brentford esconde un pasado heroico y resiliente, como su equipo de fútbol.

Sólo un parpadeo. 

Ese fue el tiempo en que pasamos por el barrio de Brentford en nuestro camino a Londres. 

Como todo viajero que tiene encima muchas horas de vuelo, (y nosotros venríamos desde Buenos Aires), cuando se está llegando a la ciudad que tanto deseamos conocer, el tiempo se nos hace eterno, y el cansancio y el fastidio se mezclan extrañamente con la alegría en el corazón por llegar a destino.

.

Escribe: Alejandro Eduardo Perdomo

.

Ahora estábamos llegando a Londres, ingresando a esa ciudad que tanto queríamos, en un automóvil. El camino desde el aeropuerto de Heathrow fue algo largo, con mucho tráfico, cosa común en las metrópolis del mundo, y con un chofer extremadamente pulcro y lento.

En aquel recorrido, mi intención era, no perderme los detalles de los suburbios que rodean a Londres. La vista no me alcanzaba para captarlo todo, pero intenté mantenerme alerta con la felicidad y la ansiedad ahí, acompañándome.

Algunas calles comenzaron a pasar. Vi el primer pub y el primer bus de dos pisos. El corazón se me aceleraba. Fue entonces cuando pasamos por un suburbio. El cartel decía un nombre que me traía algunas reminiscencias: Brentford. 

El nombre me resultaba familiar, pero con la mente cansada y embotada tras muchas horas de vuelo, no lograba precisar el por qué. De repente, mientras avanzábamos por la autopista rumbo a la ciudad, distinguí el perfil inconfundible de un estadio de fútbol: moderno, pequeño y coqueto. Lo contemplé durante diez o quince segundos sin poder reconocerlo, hasta que vi el cartel “Home of the Bees” (Casa de las Abejas). 

The Bees es el apodo del Brentford Football Club, equipo de la Premier League inglesa. Y entonces recordé: el Brentford, querible equipo, tenía su casa allí mismo. Un leve recuerdo de su camiseta roja y blanca vino a mí.

El Brentford Community Stadium, aquel que pasó fugazmente por mis retinas, es el nuevo hogar de aquel equipo desde 2017. Algo había leído al respecto. Antes, el equipo jugaba en otro estadio, el Griffin Park, desde 1904 y ubicado a pocas cuadras de allí.  Aquel viejo recinto, ya demolido, tenía una historia entrañable ya que durante más de un siglo fue el único estadio de toda Gran Bretaña con un pub en cada una de sus cuatro esquinas.

Durante su historia el Brentford F.C  fue un orgulloso club de primera división hasta el año 1947. Luego, durante varias décadas y por malos manejos de la directiva, el club cayó en una espiral de descensos y crisis que lo llevaron hasta la tercera división.

A partir del siglo XXI, el club pudo ordenar sus finanzas y llegaron los éxitos deportivos, renaciendo de sus propias cenizas. En 2021, de forma heroica, ganó el ascenso a la Premier League y pudo recuperar su lugar. Allí sigue desde entonces, compitiendo cada semana en ese estadio contra los grandes equipos de su país, defendiendo con uñas y dientes el honor de las calles que lo cobijan.

Pujante y luchador, sin rendirse nunca, orgullo de su barrio, el Brentford es un protagonista habitual de la liga inglesa, manteniéndose a flote con solidez y lucha. Su reducto es uno de los más difíciles para los rivales, registrando pocas derrotas en cada temporada. 

Pero no es el objetivo principal de este relato hablar del equipo y su historia, sino del barrio que lo cobija, aunque sus historias se enlazan en un destino que se parece y se asemeja: ambos han sufrido en carne viva las peores tragedias, y, por otro lado, han vuelto a brillar hoy con luz propia ante los ojos del mundo. Ambos, el equipo y el barrio, me mostraron en un relámpago de belleza su historia de superación.

Durante aquellos minutos en que el automóvil lo recorría, vi al distrito de Bretford muy moderno y pujante: no era, por lo menos desde mi punto de vista, un barrio obrero, pero tampoco noté que fuera un barrio hipermoderno, con impersonales rascacielos y shoppings. Mi impresión, mientras miraba sus pubs y sus esquinas, fue la de un lugar pulcro y vital, ordenado y muy limpio.  

Aquella percepción mía no estaba equivocada. Y es que la historia de Brentford esconde un pasado heroico y resiliente, como su equipo de fútbol. Parece mentira creerlo, pero todo lo que pasaba ante mis ojos —las calles, los pubs, las esquinas, como tantas veces nos pasa en Europa—, no existía hace algunos años ya que la Segunda Guerra Mundial se había encargado de destruirlo o dañarlo casi hasta las cenizas.

Todo el distrito fue golpeado varias veces en sus calles principales por los aviones nazis y su carga de muerte. Brentford, de hecho fue uno de los lugares que más cruelmente sufrió los bombardeos desde Alemania, en muchas —demasiadas— infaustas noches, sobre todo durante los años 1940 y 1945.

Destruido y golpeado, como casi toda Inglaterra, sin embargo, el barrio resistió y volvió a la vida. Esos años y esas noches de privación y miedo, sin embargo, fueron terribles y aún perduran en su memoria el dolor y el sufrimiento.

.

Vayamos a las fuentes: al consultar los archivos del distrito, todos estos ataques están perfectamente documentados y guardados en la memoria colectiva.

La primera oleada de ataques fue en 1940, cuando la aviación alemana hizo varias incursiones en territorio inglés, en medio de la operación León Marino, por la que Hitler buscaba conquistar la isla. 

En esa, la llamada “Batalla de Inglaterra”, muchos lugares puntuales de Londres sufrieron en sus calles la furia de la máquina de muerte alemana. Uno de ellos fue Brentford.

“…La Colección de Estudios Locales de la Biblioteca de Chiswick conserva los registros de todos los incidentes locales, que sugieren que 26 personas murieron en Brentford debido a los bombardeos. Además, 63 resultaron gravemente heridas y 149 sufrieron lesiones leves.

El incidente más devastador ocurrió en Brook Road, a la 1:40 p. m. del 29 de septiembre de 1940, durante una de las 29 explosiones que sacudieron el municipio esa noche.

Las bombas de alto poder destruyeron las viviendas 28, 30 y 32 de Brook Road South, y dañaron el puesto del alcaide en el St. Paul’s Recreation Ground, al final de Grosvenor Road. Dos personas murieron y una más fue hospitalizada en Mafeking Avenue…”.

Las V1, bombas volantes y la última apuesta de Hitler para ganar la guerra, fueron el terror aéreo de Londres en la Segunda Guerra Mundial. No eran lanzadas por aviones ni dirigidas por pilotos, sino que se lanzaban desde Berlín y cuando se acababa su combustible, simplemente se apagaban y caían. 

Su característica más inquietante era el estruendo de su motor. Un sonido continuo, que se detenía repentinamente en el aire. En ese instante, quienes lo escuchaban sabían que la bomba estaba cayendo.

Miles de estas armas golpearon Inglaterra en 1944 y 1945. Brentford, como otras zonas de Londres, sufrió enormemente por segunda vez. Casas destruidas, familias desmembradas, barrios enteros arrasados.

“…. Disponía de una autonomía de 250 kms. por lo que era un arma eficaz para bombardear las unidades inglesas más próximas a la costa. El primer proyectil de este tipo cayó el 14 de junio de 1944 en Swanscombe, cerca de Gravesend, causando más pánico entre la población civil que daños materiales reales, y desde entonces hasta el final de la guerra no dejarían de caer sobre Londres…” 

Las V1 se cebaron durante todo ese año de pesadilla con las tranquilas calles de Brentford, cayendo desde el cielo con mortal puntualidad alemana. 

Consultemos nuevamente los archivos de la ciudad:

“…-24 de febrero: Una bomba de 1000 kg cayó sobre los campos de juego detrás de la Iglesia Congregacional, en Boston Manor Road. Dos casas resultaron gravemente dañadas, el centro de manuales escolares quedó destruido y otras seis casas sufrieron daños graves.

  • 12 de julio: Una bomba volante destruyó el número 63 de Clayponds Ave. Cinco personas murieron y 11 fueron trasladadas al hospital.
  • 21 de julio: Ocho casas fueron parcialmente demolidas por una bomba V1 en Apple Garth/Chestnut Ave. Nueve personas fueron hospitalizadas y aproximadamente 30 tuvieron que pasar varias noches en el Centro de Descanso Park Baptist, ya que sus casas quedaron inhabitables.…”

El arma preferida de Hitler, sin embargo, no cambió el curso de la Guerra, como esperaba el dictador alemán. Los Aliados, en un esfuerzo final, lograron derrotarlo. 

La guerra terminó, los V1 quedaron en la historia y Londres volvió a levantarse para convertirse en esa ciudad que conocí minutos después de pasar por Brentford.

Porque ese es el espíritu de Brentford, del equipo y del barrio, mostrando que se ganó una guerra en la que estaba en juego el futuro de la humanidad, y que, de las cenizas puede volver a nacer la belleza si se resiste lo suficiente. 

Brentford, sólo unos minutos de mi vida, donde pude entrever una historia de supervivencia, de orgullo y de resistencia que no olvidaré.

Alejandro Eduardo Perdomo

Collages con fotografías de Brentford High Street Project