La Tundra Revista

Sobre el encuentro de dos almas perdidas | Sergio Bustamante

Ronald Reagan y Margaret Tatcher

El alma de Ronald Reagan, papelito en mano con fecha indescifrable, torturado por la congoja y consumido por una feroz incertidumbre, ha permanecido en el Limbo, oculto por años detrás de una nube negra. Con ojos de felino hambriento empañados por el temor, espía el entrar de multitudes de almas por el enorme Portal de entrada al Paraíso. Poseído de una envidia tan corrosiva como el vinagre ardiendo, las ha visto atravesar el Umbral en punta de pies, cada cual con más cara de santos. Pero dentro del Paraíso había algo que Ronald ignoraba: es una puerta lateral de salida por la cual muchísimas almas se van llorando sin consuelo, obligadas a internarse en un túnel frío y oscuro, donde desaparecen con sus rostros de almas perdidas, demacradas, como el papel de color ceniciento que llevan en sus manos.

Sobre el encuentro de dos almas perdidas. Autor: Sergio Bustamante
Segundo Premio del concurso de cuentos cortos organizado por el Centro Cultural Salvador Allende – Londres (2013)

Ronald, atacado de Alzheimer, de angustias y de temores, espera. De su vida anterior en la tierra solamente recuerda un papel certificado que había encontrado dentro de su ataúd. Era el pasaporte para entrar al Limbo, donde debía permanecer en espera de su alma gemela, Margaret Thatcher, para ir juntos a presentarse en la portería del Paraíso.

Y por fin, la vio descender desde una espesa nube negra. Una capa gris la cubre de pies a cabeza, y llega sonriendo, con esa enorme dentadura tan suya que contrasta tristemente con la blancura cenicienta de su rostro. Se abrazan. Galante, Ronald le ofrece su brazo derecho, y como danzando un paso de vals, intercambiando sonrisas e inocentes coqueteos, ambos se disponen a cruzar el Umbral del Paraíso.

– ¡Ustedes dos! —escuchan una voz potente que les pregunta.

— ¿Quiénes son y adónde van tan apurados?—Era el Ángel Gabriel, que desde la ventanilla de entrada les ordenaba identificarse.

– Somos Margaret y Ronald; Ronald y Margaret, contestan al unísono.

– ¿Margaret, qué… Ronald, qué…? –vuelve a preguntarles.

— Para que lo sepan, los Ronald y las Margaret hacen multitudes, pero cada uno de ellos tiene sus apellidos.

– Ella es mi querida colega, Margaret Thatcher, y yo soy Ronald Reagan –sonriendo, se acerca y le entrega el certificado bien doblado que guarda en su bolsillo.

Un breve momento de silencio, una breve consulta por teléfono, y el Ángel les entrega dos formularios y un bolígrafo a cada uno.

– Tienen que llenar esta solicitud de ingreso con vuestros nombres, apellidos y fecha de fallecimiento, describiendo sin exageraciones, las buenas obras que hicieron durante su vida, incluyendo también las otras no tan buenas… Y apúrense, que ya va siendo la hora de mi colación.

Y así, con toda premura, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, se instalan en el pasto a escribir bajo un árbol que por castigo divino dejo de dar frutos.
– Margaret, no se qué escribir –dice Ronald con voz dolida. ¡No me acuerdo de nada…!

– Yo tampoco. Apenas recuerdo de mi nombre.

– Entonces, ¿qué diablos vamos a decir?…?

– Digamos que fuimos almas gemelas, con un destino común. –Y sentados apoyándose en las espaldas del otro, se disponen a escribir.

– Digamos que fuimos muy felices en nuestra vida terrenal – le dice Ronald.

– ¡Qué magnífica idea la tuya! ¡Como aquellas de los viejos tiempos!

– ¿De qué tiempos hablas, Margaret?

– De los tiempos que fuimos felices, pues, Ronald!

Entretanto, un gato negrísimo, de ojos amarillos los observa desde una rama del árbol. Y mientras ellos están llenando el formulario, el gato se afila las uñas en el tronco, se lava la cara, baja ronroneando con la cola erecta y el espinazo arqueado y se les acerca con paso voluptuoso.
Una vez llenados los formularios, de carrerita, seguidos por el gato y su ronroneo, Margaret y Ronald, van y se instalan al principio de la cola sin poner atención a los reclamos ni a los insultos de algunas almas que los han reconocido.

– Así que ustedes son dos almas gemelas, y ambos concuerdan que tuvieron un destino común, y que fueron muy felices, –les dice el Ángel Gabriel a Reagan–, entonces, ¿ustedes no recuerdan nada de sus actos, buenos y malos?

Ambos se apresuran a responder al unísono:

– No… pero sí sabemos que en nuestras vidas fuimos muy felices. Esto es todo lo que recordamos de nuestra vida anterior, – concluye Margaret Thatcher.

Sin decir más, mirando fijamente al gato que los acompaña, con un gesto de la mano, el Ángel Gabriel les indica que se dirijan a un antiguo Portón lateral entreabierto de color indefinible por el uso.
Mientras Margaret y Ronald, se alejan a tropezones mirando hacia atrás, con la vista fija en el Portal Celeste que da al Paraíso, el Ángel Gabriel, moviendo la cabeza, timbra los formularios mientras piensa para sí: -“Qué buena fortuna han tenido estos dos de sufrir demencia al momento de morir. Para estos pobres sería horroroso si pudieran recordar todo lo que sembraron en la tierra, porque tendrían conciencia hacia donde tienen que ir, sabiendo lo que allí les espera”.

Ronald y Margaret, desconcertados, estupefactos, sin saber la razón por qué han sido rechazados del Paraíso, ni que destino les espera tras aquella entrada lateral, avanzan arrastrando los pies, los rostros demacrados y las caras tan pálidas como el papel que Ronald lleva en sus manos. Tan pronto ambos cruzan el umbral, el Portón se cierra a sus espaldas con un golpe seco, sin eco, y en un silencio sepulcral, a tentones, ambos se van internando en un túnel tan negro como el gato de ojos fosforescentes, que retrocediendo, les sirve de guía…
PATITO DE BRONCE

Sobre el autor: Sergio Bustamante es escultor, diseñador gráfico y comunicador.

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