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Marsella: Mucho más que un puerto

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Alejandro Dumas, que la conoció bien y que ambientó aquí su más célebre novela, El Conde de Montecristo, la definió como “el punto de encuentro de todo el mundo”. Su vocación marinera y su situación en el Mediterráneo hicieron de Marsella una ciudad de acogida y de fusión. Con 26 siglos de historia a sus espaldas, mira abiertamente hacia el futuro.

Palabras y fotos: Enrique Sancho Cespedosa

     Puede que la imagen que el mítico Edmond Dantès tuviera al enfilar la bocana del puerto de Marsella, convertido ya en Conde de Montecristo, fuera muy diferente a la de hoy, casi doscientos años más tarde, pero sin duda sus emociones al contemplar primero la fortaleza de If, antigua prisión situada en una pequeña isla en el archipiélago de Frioul, en la bahía de Marsella, y que acabó siendo su triste residencia, y después las dos magníficas fortalezas que resguardan el puerto serían similares a las que experimenta el viajero que entra a bordo de un típico barco marsellés en el Vieux Port de esta ciudad, la más antigua y grande de Francia. Y la segunda más poblada con unos 860.000 habitantes.

     Y es que las imponentes siluetas del fuerte de San Juan a babor y de San Nicolás a estribor dan una idea del turbulento pasado de esta ciudad donde no han sido extraños griegos y romanos y donde han dejado sus huellas construcciones religiosas medievales, fortificaciones del Siglo XVI, lujosas residencias de los Siglos XVII y XVIII y los numerosos edificios prestigiosos construidos en el Siglo XIX. El fuerte de San Juan curiosamente tiene un foso que lo aísla de la ciudad, y sus cañones, como los del fuerte San Nicolás, apuntan a la rebelde Marsella y no al mar. Se ve que había más peligro dentro que fuera en aquellos años. Asedios, explosiones y una terrible epidemia de gripe en 1720 marcaron la historia del lugar y todavía hoy parecen estar demasiado presentes.

Basílica de Nôtre Dame de la Garde

     Mención aparte merece la Basílica de Nôtre Dame de la Garde y su estatua de la Virgen María, patrona de la ciudad, de más de once metros que protege a los pescadores y que la convierte en el punto más alto de la ciudad. La tradición dice que hay que subir andando hasta la basílica, rezarle una oración a la Virgen y pedirle lo que uno necesite y, si la Virgen cumple con lo pedido, hay que llevarle una ofrenda. Estas ofrendas, en forma de maquetas de barcos, aviones, se pueden observar en su interior colgadas de la nave, una nave, espectacular, por cierto, con tres cúpulas decoradas con mosaicos de palomas sobre tapices de flores de diferentes colores en cada bóveda, un estilo muy peculiar que recuerda en cierta medida a oriente.

     Por supuesto, Marsella también es moderna y futurista. Ahí está la Unité d´Habitation del visionario Le Corbusier y los vanguardistas proyectos que vieron la luz en 2013 al convertirse en Capital Europea de la Cultura, uno de ellos, se encuentra unido al fuerte de San Juan por una pasarela de ciento treinta metros, se trata del Museo de las civilizaciones de Europa y del Mediterráneo, conocido como MuCEM, inaugurado en junio de 2013 se define como un “museo de sociedad” consagrado a la conservación, estudio, presentación y mediación de un patrimonio antropológico relativo a la zona europea y mediterránea. Pero en este museo no solo llama la atención sus colecciones, merece la pena pasear por su impresionante estructura metálica. Por cierto, el MuCEM es gratuito siempre que no se entre en grupos mayores de cuatro personas, por lo que si se va en grupo es recomendable entrar de dos en dos y ahorrarse la entrada.

MuCEM

     A pocos metros del fuerte y del museo podemos admirar la preciosa Catedral de Marsella (Cathédrale La Major), erigida sobre una antigua iglesia paleocristiana y una primera iglesia “Mayor” del Siglo XII, su construcción fue encargada a mediados del siglo XIX por el mismísimo Napoleón Bonaparte, quien además colocó su primera piedra. Por su tamaño se la compara con San Pedro de Roma, aunque su particular diseño de franjas horizontales de inspiración bizantina a base de piedra verde de Florencia y el delicado mármol de Carrara le dan un aspecto inconfundible y la convierten en algo que no hay que perderse en una visita a Marsella.

     Si se dispone de tiempo, merece la pena dar un paseo en barco recorriendo el litoral y disfrutando de las vistas de Marsella desde el mar hasta llegar a la Isla de If donde uno puede sentirse como el Conde de Montecristo paseando por el interior del Castillo que antiguamente sirvió de prisión.

Castillo de If

     El Puerto Viejo es sin duda el lugar más animado de Marsella. Poblado de veleros, protegido por fortalezas y rodeado de terrazas donde dejar pasar el tiempo con un café, una copa de vino o, la bebida típica aquí, un pastís, una especie de anís que se sirve aguado. Mención aparte, merece otra de las bebidas típicas, la absenta, con casi noventa grados de alcohol, que popularizaron artistas y escritores como Wilde, Van Gogh, Baudelaire, Manet, Picasso, Lautrec, Degas y Hemingway, entre otros, con la que encontraban la inspiración.

     En torno al puerto hay muchos restaurantes y no hay que perder la oportunidad de disfrutar las especialidades marsellesas: la célebre bullabesa, una sopa de pescado que se come dos veces, primero la sopa y luego de nuevo sopa con el pescado y los mariscos con que se ha cocinado, los «pieds et paquets» (carne picada con especias y bacon) y las «navettes» (bizcocho en forma de barco con sabor a naranja).

     Por último conviene dedicar una hora a visitar en el puerto viejo, la Savonnerie Marseillaise de la Licorne lo más parecido que existe a un museo del jabón de Marsella, un producto cuya elaboración comenzó en esta ciudad mediterránea en el Siglo XII y que se fabrica de la misma forma desde hace cien años, mezclando aceite y sosa que se tritura con unos rodillos de granito, posteriormente se le añade miel, esencias o perfumes que le dan el aroma final, la masa resultante se introduce en un molde para darle forma a la pastilla, para finalizar los jabones se estampan manualmente.

En el museo podremos realizar nuestras propias pastillas de jabón, así como comprar multitud de ellas con diferentes formas y olores. 


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