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Lo que el mar nos devuelve: Entre la contaminación y la curiosidad

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Foto Rob Arnold

El verano es la época ideal para ir a la playa pero también para revisitar algunos de los mayores desastres ecológicos a través de los hallazgos que podemos realizar en ellas. 

Si hablamos de contaminación y polución en nuestro planeta éstas son apenas algunas de las muestras más curiosas que se han podido encontrar en las playas del mundo incluyendo desde restos de animales prehistóricos, lápidas de tumbas, piezas de Lego y bolsas de Dorito. 

Lo que el mar nos devuelve… 

Palabras: E. Sancho

Foto Rob Arnold

Miles de piezas de Lego. Península de Cornualles (Reino Unido)
El 13 de febrero de 1997 el porta-contenedores Tokio Express sufrió un temporal de película, con olas que hicieron que se ladeara de tal manera que sesenta y dos contenedores cayeron al agua a unos treinta kilómetros de la península de Cornualles en Reino Unido. Uno de ellos contenía nada más y nada menos que casi cinco millones de piezas de Lego que iban con destino a Nueva York, el contenedor quedó destrozado en el accidente y las piezas de Lego en lugar de quedarse en el fondo empezaron su periplo por los mares y océanos del mundo, pero sobre todo debido a las corrientes marinas, por las aguas que rodean a la península de Cornualles, donde más de veinte años después aún siguen apareciendo, lo más curioso es que la mayoría de las piezas tenían una temática marina: aletas de buzo, arpones, salvavidas, espadas de pirata y pulpos.

 

Megalodon vs Carcharodon

Dientes de Megalodon. Playas de Florida y California (EE.UU)
Todo el mundo se acuerda de la película Tiburón, especialmente cuando se da un baño en el mar, el de la película es un Carcharodon Carcharias o más conocido como tiburón blanco, de entre 5 a 7,5 metros de longitud. Bien, pues su primo mayor que surcó los mares hace 20 millones de años medía entre 18 y 24 metros. Se extinguieron hace 2 millones de años y hoy en día lo único que queda de ellos son sus dientes fosilizados, de hasta 18 centímetros de longitud. Encontrarlos en las playas de Florida y California, en los Estados Unidos es más frecuente de lo que se piensa, sobre todo después de una tormenta, hay que tener en cuenta que los megalodones sustituían sus dientes a lo largo de sus entre 70 y 100 años de vida y que en sus bocas de dos metros de diámetro tenían 280 dientes, por lo que todavía hay millones de ellos por descubrir. En España se han encontrado varios en las Islas Canarias.


Un caza de la Segunda Guerra Mundial. Gales (Reino Unido)
Hace unos años, en una playa de Gales apareció, de repente, un caza de la Segunda Guerra Mundial, se trataba de un Lockheed P-38 Lightning que hizo su último vuelo el 27 de septiembre de 1942. A los mandos del aparato se encontraba el Teniente Robert Elliott, que había partido de la costa norte de Gales en un ejercicio de entrenamiento. Tras cincuenta y cinco minutos de misión, el motor izquierdo empezó a perder potencia. El piloto cometió un fallo de cálculo, ya que pensaba que estaba consumiendo combustible de las reservas principales mientras que ya llevaba un rato utilizando las de emergencia. Trató de llegar a la orilla pero finalmente los motores se pararon y tuvo que amerizar. Elliot salió ileso del accidente, pero la aeronave se hundió en el mar, hasta que una tormenta, 65 años después, lo arrastró del fondo del mar a la orilla. Lo más sorprendente es su estado de conservación.

 

AFP PHOTO / Kym Illman

Un mensaje en una botella. Wedge Island (Australia)
Hace tan solo tres meses una pareja australiana Kym Illman y su mujer Tonya encontraban en una playa de Wedge Island, en Australia, un mensaje en una botella ciento treinta y dos años después de que fuera lanzado al mar. Lamentablemente no se trataba de un naufrago pidiendo rescate, ni de una carta de amor, el mensaje fue arrojado el 12 de junio de 1886 al Océano Índico, a unos 950 kilómetros de la costa australiana, por el velero alemán “Paula” y se trataba de una campaña del Deutsche Seewarte, (Observatorio Naval Alemán) para estudiar las corrientes oceánicas, que entre 1864 y 1933 arrojó miles de botellas al mar con el mismo mensaje impreso con ciertos huecos que los capitanes debían rellenar antes de lanzarlas, fecha, coordenadas, nombre del barco…

El dato curioso es que, de las miles de botellas arrojadas al mar por los navíos alemanes en 69 años, solo se habían recuperado hasta ahora 662, ésta última ha sido la número 663, pero, sobre todo, se ha convertido en el mensaje en una botella que más tiempo ha tardado en descubrirse, desbancando al anterior, de 108 años.

 

Huevos de Adelomelon Brasiliana

Huevos brillantes. De Venezuela a Argentina (Océano Atlántico)
Realmente no son huevos en sí mismos, si no ovicápsulas de cuatro a ocho centímetros de diámetro, una especie de burbujas que protegen, a entre diez y treinta embriones que hay dentro, de los depredadores, cambios de temperaturas, ataques de bacterias… y que además les sirve para alimentarse, ya que también contienen un líquido rico en proteínas y carbohidratos. Estas estructuras las crean los gasterópodos, en este caso, el caracol marino llamado “Adelomelon Brasiliana” y, a diferencia de otras ovicápsulas, no se adhieren a sustratos marinos, si no que vagan libres por el océano, así aseguran su dispersión, pero al hacerlo también corren el riesgo de que por acción de las mareas o los vientos acaben en alguna de las playas que van de Venezuela a Argentina, si no, lo normal es que estas cápsulas se abran y los pequeños caracoles naden libres en el océano.

Una lápida. Ocean Beach de San Francisco (Estados Unidos)
Es para imaginarse la cara que debió poner la persona que se encontró la lápida de Delia Presby Otter cerca de la orilla de la Ocean Beach de San Francisco en los Estados Unidos; sin duda, éste es uno de los objetos más extraños jamás encontrados en una playa. Según ha podido comprobar el buscador de cruceros Aquotic no es porque antiguamente hubiera un cementerio allí, ni siquiera cerca. La historia se remonta a 1914, cuando según una ordenanza municipal, el ayuntamiento de San Francisco decidió trasladar los cementerios Laurel Hill y Calvary al de Colma, como parte de un plan urbanístico para ampliar la creciente ciudad. Los restos humanos fueron trasladados, pero cualquiera que quisiera conservar la tumba de un ser querido en el nuevo cementerio debía de pagar por ello, si no lo hacía 90 días después del traslado de los restos, pasaba a manos del Departamento de obras públicas del Condado, así pues, miles de lápidas y criptas se utilizaron como material de construcción para hacer los canales del parque de Buena Vista de Haight-Ashbury, la creación de un puerto en el distrito Marina y para apuntalar el paseo marítimo en la playa Ocean Beach contra la erosión. Fuertes vientos y el desprendimiento de parte de la arena de la playa hicieron que la lápida de mármol casi intacta de Delia Presby Oliver, que murió a la edad de 26 años el 9 de abril de 1890, apareciera en la arena.


Bolsas de Doritos, Carolina del Norte (Estados Unidos)
A los que fueron a la playa de Outer Banks en Carolina del Norte en Estados Unidos el 30 de noviembre de 2006 no les hizo falta llevarse la neverita con la merienda o pasar por un chiringuito a comprar algo que picar… Las bolsas seguían herméticamente cerradas y los Doritos eran perfectamente comestibles. 

Y por supuesto, oro. Todas las playas del mundo
A lo largo de la historia ha habido gente que se ha encontrado desde una moneda de varios céntimos a un verdadero tesoro de un antiguo galeón, los ha habido que simplemente han dado con ello por casualidad y otros que llevaban años buscándolos. En España, se dio el caso de dos personas que se dedicaban a buscar “tesoros” en las playas de Cantabria con un aparato detector de metales. La mayor parte de las piezas de oro que encontraban eran medallas, anillos y cadenas, que posteriormente vendían. El negocio les iba bien, pues se calcula que habían conseguido unos 6.000 euros. ¿El problema? Que era ilegal y les detuvieron por apropiación indebida. La legislación española dice que es obligatorio depositar los objetos encontrados en oficinas municipales de objetos perdidos, donde estarán en custodia durante dos años para que puedan ser reclamados por sus legítimos propietarios, pasado este tiempo, quien lo ha encontrado pasa a ser su dueño. En el caso de las monedas hay que avisar a la llamar a la Policía o Guardia Civil para cerciorarse que no pertenecen a un antiguo tesoro, en caso contrario nos podrían acusar de expolio. Lo único bueno es que a los que encuentran un objeto valioso que sea catalogado como patrimonio histórico, el Estado le recompensará con el 50% de la tasación de la pieza. 

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La Tundra Revista – Issue 28 – Verano 2018
Portada Vivian Pantoja

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