Wednesday 26th July 2017,
La Tundra Revista

El día que vuelven los libros | Soledad Galván

La Tundra Revista 14/02/2017 Libros Comentarios desactivados

libros La Tundra Revista2Estaba en Cartagena de Indias caminando por mi plaza preferida, que es el Parque Centenario, donde las librerías callejeras tienen todo tipo de libros usados a un precio tan bajo que es un deleite, es casi imposible salirse de ahí con menos de tres.

Escribe: Soledad Galván 

 

     Había pasado mi enamoramiento con García Márquez y mi cabeza pedía por otra cosa. Revolviendo todos los puestos ahí estaba, todo rayado y viejo El Mundo de Sofía de Jostein Gaarder. Le había pedido prestado ese libro a mi gran amigo, el Chopy, cuando vivíamos en Córdoba unos diez años atrás y él estudiaba en la Universidad Católica, no sé bien porqué el préstamo jamás sucedió. Encontrar ese libro fue encontrar una curiosidad y a un amigo en el tiempo. Volví muy contenta a casa, que no era ‘mi casa’, nunca en esos tiempos. También me había cargado Así habló Zaratustra, pero Nietzche siempre me causó repulsión e intriga, me parecía un tipo mala onda, enredado y estupendo. A la vez hacía un curso online de filosofía vedanta para no desatender mi reciente vida de yogi.

     Una vez,  leyendo en la casa de mi hermano uno de sus libros —pienso, luego sufro o algo por el estilo—, había visto que hay personas que sufren de “dudas patológicas” y era la primera vez que me identificaba tanto con una descripción. Con este libro de Sofía, con la lectura del Mahabharata y el curso online, mis dudas patológicas se habían ido la mierda, digamos a niveles extraordinarios. Lo mejor de estar tan confundida y tan esclarecida a la vez, eran los sueños, y que de cosas extrañas, insólitas y divertidas brotaban ideas, muchas muy malas y, alguna que otra, para trabajar.

     Si bien mis lecturas sobre religión e historia eran mínimas y siempre fui bastante ignorante, algo nuevo se había despertado. No tenía que leer sobre teología obligada como cuando tenía que ir con diez años a catequesis, —me mandaron tarde—, ni de historia para aprobar exámenes, la presión había desaparecido, el embobe que tuve siempre con la filosofía había despertado. 

     Había comenzado una amistad en esos meses con una italiana, la gran Inés de Venecia, y habíamos conectado enseguida para hablar de estos temas. Un día me preguntó ¿qué es el amor para mí? Le respondí con una película. Ese día miramos El Hijo de la novia y cuando terminó le pregunté ¿ahora te quedó claro qué es el amor? Sí, respondió y se sonrió. También ese mismo día me había regalado una pintura que hizo el día que surfeó su primer ola, ¿esos son regalos no? 

     Todas estas búsquedas y charlas me habían conectado con algo que había dejado muy atrás, me di cuenta que había leído un libro unas cien veces cuando tenía apenas nueve o diez de la escritora María Mercedes Haidar, El amor en 40 poemas:Zapatos Grandes. Con Sabor a Mandarina. Ella es de Diamante (Entre Ríos) y hoy, ya con treinta y dos años me reproché jamás haber ido a la casa de esa mujer que me inspiraba, y me hacía soñar con escribir con esa pluma, con esa exactitud.

     Y fue ese día exacto cuando supe de dónde habían nacido mis inquietudes por escribir, día en el que me desperté del todo, en esos momentos que se destapa la Tierra, que encontrás los lentes que tenías en la cabeza y estabas buscando desesperado por ahí, donde nunca los ibas a encontrar.

A
*Soledad Galván (Argentina). Vivió en Londres. Acaba de mudarse a Colombia. 

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