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Ya lo he dicho antes: No me gustan las despedidas | Luis Eduardo Torres

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Ya lo he dicho antes: “No me gustan las despedidas”. 
Por eso tengo la mala costumbre de irme sin decir adiós. Lo mismo hice cuando viajé a Inglaterra. “Estaré fuera nada más por un año. ¿Para qué me despido si voy a regresar?”, les dije a todos.

Escribe: Luis Eduardo Torres Sánchez*
Ilustración: Mr. T.
Edición impresa 

Y me fui sin hacer ruido.

Por los mismos días el verano también se des-pedía, las horas sin sol comenzaban a ser más frescas. “No olvides tener el abrigo a la mano”, dijo mi madre al despedirse. Ella sabía que en Inglaterra me daría la bienvenida el otoño y extrañaría el calor de casa.

Los meses pasaron de prisa. Llenos de aventuras, descubrimientos, aprendizajes, miedos, satisfacciones y añoranzas. Dicen que así son todos los viajes, porque el verdadero desplazamiento es emocional. Migrando de un lugar a otro es que uno descubre su propia geografía.

Desde niño siempre me gustaron las historias de viaje, en especial las de Ulises y Jasón. Por ellos aprendí que un verdadero héroe emprende su viaje movido por el deseo de encontrar respuestas o cumplir una hazaña; pero que invariablemente, después de vencer los obstáculos del destino, siempre regresa a casa. “¿Vas a regresar?”, era la pregunta que me hacían todos y a la que no sabía cómo contestar.

Me gusta estar aquí, porque esa sensación de andar sin rumbo que experimenté por tanto tiempo ahora tiene sentido. Aquí nada es mío: ni el idioma, ni las costumbres; pero he aprendido más sobre mí y mi país que todo el tiempo que viví allá. Poco a poco he ido encontrando la manera de mantener unidos la cabeza y los recuerdos, el corazón y los quereres; hay días en que no vivo dividido y en la distancia se reconcilian el presente y el futuro, la realidad y los sueños, el hubiera y el quizás.

Hace algunos meses le conté a un amigo que extrañaba pasar los días de fiesta en casa. Y muy sabiamente dijo, “quizá es momento de empezar a llamarle casa al lugar en donde estás”. Una verdad tan simple pero tan llena de sentido me hizo entender que, a veces, aunque se atraviese el océano, uno no es libre de avanzar hasta que no se da la libertad de hacerlo. Mis abuelos, mis papás, mi hermano, mis amigos, mi pareja; todos fueron migrantes. Los planetas, las aves, el viento, las olas e incluso las piedras se mueven. Entonces ¿por qué nos cuesta tanto dejar que el destino nos lleve? Y no me refiero a los viajes o las mudanzas. Me refiero al verdadero desplazamiento que implica la vida. Ya no quiero pensar en lo que dejé atrás.

Quiero concentrarme en las nuevas cosas que he recibido; y en las cosas que yo podré aportar desde aquí: mi nuevo lugar en el mundo. No he vuelto a casa porque antes quiero contarte como se ven las estrellas en esta parte del cielo. No he vuelto a casa porque… esta es mi nueva casa; pero al igual que la otra también tiene puertas y ventanas.

Así que no hay excusa para que no vengas o yo me escape a buscarte cuando la distancia quiera jugarnos una mala pasada.

No me gustan las despedidas porque invocan las ausencias.

“Adiós” no es lo mismo que “hasta pronto”.

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Sobre el autor:  Luis Eduardo Torres Sánchez  Colecciono instantes e historias. Me interesan el arte y la creatividad como herramientas para transformar el mundo. MA Art, Craft & Design Education

Ilustración Mr. T. ‘Yo soy un tubby’

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